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{There's nothing you can do that can't be done #. J.D}

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{There's nothing you can do that can't be done #. J.D}

Mensaje por Caroline Pycraft el Mar Feb 07, 2012 11:01 pm

Jueves|| 21:35 hrs || J.D || Segundo Piso


Cuando 'All you need is love' llena una habitación haciendo retumbar las paredes, amenazando con derrumbar los cimientos con su alegría y aquel brote de esperanza característico de los ingleses, cualquiera pensaría que el ambiente que se vive dentro es algo similar a lo que se escucha en los versos de la canción. O cuanto menos, una paz digna de fotografiarse. Pero Caroline nunca fue cualquiera y si bien lo que había dentro de aquella cabaña era digno de varias fotografías, no era precisamente por la belleza de la escena.

Hundida en la bañera y con los brazos apoyados en las rodillas, la rubia que se hospedaba en la cabaña de los Dahmer tiritaba de frío, miedo y desolación. El agua —en su momento cristalina— reflejaba los estragos que había producido su última crisis, obligándola a permanecer con los ojos cerrados, poco dispuesta a enfrentar su realidad. Había perdido el sentido del tiempo y el espacio, no sabía por qué sus ropas se adherían a su cuerpo, o por qué sentía que en cualquier momento su corazón se detendría producto de la hipotermia. No lo recordaba y francamente no sabía si quería hacerlo. Tenía grabada en su memoria la impresión que causó el carmesí rodeando su cuerpo, acechándola. Quiso gritar, llorar, no abrir los ojos nunca más. Odiaba la sangre, incluso más cuando era la propia la que acariciaba su figura acurrucada en la porcelana fría.

El ataque de pánico ya había pasado para la adolescente, pero su cuerpo maltrecho no parecía dar indicios de una pronta recuperación. Resistiendo a abrir los ojos, los recuerdos de aquello que la llevó a ese estado volvieron a ella, abofeteandola. Había perdido completamente el dominio sobre sí misma, su respiración acelerada y aquella sensación de ahogo la habían acompañado todo el camino de regreso hasta lo que ahora era su hogar. Lo más sencillo era que hubiera colapsado ni bien recibió la noticia —o escuchó los rumores, en todo caso—, pero hacía tanto tiempo que no tenía una de sus crisis, que simplemente luchó contra sí misma, obligandose a dar un paso y luego otro, alejándose de allí. No quería quebrarse, no quería sentir el miedo invadirla e inutilizarla.

No fue consciente del momento en que prendió el equipo de sonido —con el disco que siempre se encontraba en su interior—, o cuando subió el volumen al máximo y corrió escaleras arriba tumbando todo a su alrededor: Cuadros, sillas, discos, platos, muebles. Todo le estorbaba, todo la asfixiaba. Sentía que la cabaña se cernía sobre ella, acéchandola hasta lograr desaparecerla.

"La están buscando"

"Dicen que es su padre, pero no me pareció que tuviera ningun parecido"

"Quizás hizo algo malo y ahora tiene que pagarlo"

Car cubrió sus oídos, negando freneticamente con la cabeza tratando de impedirle el paso a los recuerdos. Sentía su cuerpo entero temblar y el ruido provocado por el agua carmesí al desbordarse aumentaba su ilusión de encontrarse al borde de un abismo. Tuvo que abrir los ojos para poder encontrar aquello que la ayudaría: un trozo de espejo. No estaba segura de sí era el mismo con el que se había hecho los cortes anteriores, pero no importaba realmente. Giró sus brazos, enfocando la cara interna de los mismos y gimiendo bajito ante el espectáculo. Decenas de cortes los surcaban, laterales, horizontales, profundos y superficiales. La sangre continuaba brotando de algunos, contrastando con la palidez casi amoratada de su piel.

A lo lejos le pareció oír un ruido, quizás la puerta y aquello la impulsó a hundir el vidrio una vez más. Ya no lloraba, no le quedaban fuerzas ni lágrimas. —No me vas a encontrar—murmuró. Sus labios casi morados apenas se movieron, delineando las palabras. Su mirada se enfocó en la puerta del baño, entrecerrada. No quería ser encontrada, no quería seguir sufriendo. En su desesperación, estaba segura de que la persona que cruzaría el umbral en algunos minutos sería quién terminaría de encargarse de volver su vida un infierno. "Ayúdame" suplicó a la nada, o quizás a alguien en particular. El rostro de su mejor amigo se materializó en su mente y Car quiso que así se quedara, que aquella fuera la última imagen que tuviera su subconsciente.

Sin importarle manchar —un poco más— sus pantalones blancos, la joven abrazó sus rodillas, ocultándose del mundo. Rota y desmadejada, las sobras de una muchacha perdida que había intentado acabar con su vida una vez más descansaban inmóviles en el centro de una bañera. El agua escarlata cubría el suelo y su cuerpo por igual, amenazando con inundar toda la cabaña. Vidrios rotos, pastillas regadas, desastre y desolación.

Una escena digna de fotografiarse, ¿No?



Ooc :: ¡Lamento el retraso! Tuve un bloqueo terrible u.u
Ooc2 :: Sé que me ha quedado una barbaridad de largo (?) pero necesitaba describirte completamente la crisis, la escena con la que se iba a encontrar JD para que no tengas problemas. Los siguientes los hare mas claros y cortos, lo prometo.
Ooc3 :: Cualquier cosa me dices y lo cambio (;


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Caroline Pycraft
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Re: {There's nothing you can do that can't be done #. J.D}

Mensaje por Johnny Dean B. el Vie Feb 10, 2012 4:06 pm

Las palabras que entraban por sus oídos no significaban nada para él, aún no entendía como era que alguien había logrado que Johnny se sentara frente al escritorio de su padre para así tener una charla familiar con él. Puso los ojos en blanco por enésima vez y negó con la cabeza un tanto molesto. Le importaba un reverendo cacahuate lo que el hombre dijera. Y es que ahora el alcalde Bukkhart deseaba que su hijo volviera vivir con éste, claro se había encontrado a una vieja de buenas piernas, guapa e inteligente y de pronto lo único que quería era formar una familia. Una feliz familia. ¡Qué se jodiera! Desde que su madre murió, al alcalde le importó muy poco lo que le sucediera a su hijo y Johnny Dean se tuvo que acostumbrar a aquello, no iba permitir que de la nada, aquel hombre quisiera volverse un buen padre.

No volveré a vivir contigo, ya tengo un hogar…no me importa lo que tú desees hombre –exclamó el muchacho de cabellos oscuros y ojos azules. –Quieres una familia porqué desea seguir siendo el alcalde de Electric City, no por qué estás dispuesto a comportante como un padre. Arréglatelas tú solo y no me jodas la vida que me encuentro perfectamente bien así como estoy.

Te quitaré el dinero que te he estado dando –contestó el hombre sin saber que decir ni hacer.

No puedes hacerlo, el dinero era de madre…ahora es mío –dijo rápidamente Johnny con una amplia sonrisa en los labios. –E incluso aunque hagas eso no cambiaría de idea, no me harás volver a tu casa, ninguno de los dos nos soportamos y lo sabes bien –agregó sin más. Se cruzó de brazos y observó al hombre que caminaba alrededor del cuarto. Con semblante serio y el ceño un poco fruncido. Después de unos segundos se sentó en el escritorio frente al chico.

Te puedes ir Jonathan...-se dio por vencido y se masajeó las sienes con los dedos. No le dedicó ninguna mirada. El chico se levantó de la silla y se retiró de la habitación sin decir nada más, ni un adiós, ninguna palabra. Tomó su chaqueta de cuero de la recepción y al salir del edificio encendió un cigarro, no tardó mucho en llegar a su automóvil, mientras conducía hacia la cabaña de los Dahmer para ver a Caroline quién vivía ahí pasó por unas cervezas para él y algo de comer para la pelirosa. Dentro del automóvil abrió la botella y comenzó a beber. En realidad no odiaba a su padre tanto como lo parecía, pero estaba decepcionado por qué no tenía a nadie, además de a los gemelos y a Caroline a nadie parecía importarle y eso jodía bastante. Cuando su madre falleció su padre se volvió un hombre frío, distante y despreocupado, al menos de lo que le sucediera a su único chico. Claro que el dinero y la buena vida no faltaban en la existencia de Johnny Dean pero no era lo que éste deseaba, al final se acostumbró, se volvió lo que es ahora y ya nadie lo puede cambiar.

Estacionó el automóvil frente a la cabaña, bajó la comida y abrió otra cerveza antes de entrar por la puerta de madera. Apretó la mandíbula y sonrió levemente cuando escuchó las canciones que su amiga se encontraba escuchando. Siempre había sido una fanática de los Beatles al igual que Johnny. – ¡Caroline! –Gritó desde la cocina –Te he traído algo de comida porqué dudo que hayas comido ya y es tarde –agregó enseguida. Después de unos minutos de no escuchar respuesta alguna subió al segundo piso. –¿Car? –preguntó por su amiga una vez más sin querer pensar en lo peor, tragó pesado y apuró el paso hacia el baño de la habitación principal. Las manos del muchacho temblaban debido al nerviosismo. Empujó la puerta con la mano y frente a sus ojos se encontraba una de las más horribles escenas. Sin importarle mojarse la ropa que llevaba tomó a la delgada chica entre sus brazos y la sacó de la bañera. Estaba desesperado y no sabía qué hacer, era como si el mundo se hiciera cada vez más pequeño. –Caroline por favor, resiste por favor…-dijo en un hilo de voz. Colocó el cuerpo de la muchacha sobre la cama y tomó del bolsillo de su pantalón el teléfono celular para marcar a emergencias. –¡Maldita sea! –gritó con enojo – Necesito una ambulancia...un intento de suicidio, rápido...– dijo cuando contestaron.
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Re: {There's nothing you can do that can't be done #. J.D}

Mensaje por Caroline Pycraft el Vie Feb 10, 2012 9:29 pm

"Cincuenta y siete elefantes se balanceaban sobre la tela de una araña, como veían que resistía fueron a llamar a otro elefante más"- El subconsciente de Caroline Pycraft era una 'cosadelocos' como lo había definido una vez -hacía más de 3 años- un psicólogo al cual su madre la llevó por petición de una maestra, no recordaba cual. Sus sueños eran desde hilarantes hasta tormentosos, coloridos o monócromos, inverosímiles o reales. Nunca podría precisar que escogería su desequilibrada mente como menú para soñar, era por eso que la rubia siempre era reticente a abandonarse a los brazos de Morfeo. No sabía si en realidad disfrutaría de un sueño reparador o si por el contrario lo único que le esperaba en el mundo onírico era más caos del que ya tenía en su día a día. En estos momentos —en los que le era casi imposible determinar si estaba soñando o en realidad estaba despierta— su mente divagaba en cuestiones como '¿Por qué estaba mojada?' o '¿Qué rayos hacía que tenía tanto frío?', completamente ajena de su situación.

Quiso abrir los ojos cuando el eco de algo parecido a su nombre llegó a ella, pero la iluminación no se lo permitió. Los cerró con fuerza, intentando llevar sus manos hacia ellos pero los sentía particularmente pesados, como si no estuvieran allí. El llamado casi desesperado del que parecía su mejor amigo la asustó. Lo sentía cerca, casi al lado, pero no podía verlo. ¿Resistir qué?, quiso preguntarle. ¿Por qué estaba tan angustiado? Movió sus labios intentando expresarse, pero a su oído solo llego un patético intento de balbuceo que la hubiera avergonzado de no ser porque era J.D a quien iba dirigido. No tenía vergüenza cuando se trataba de él. La sensación de abandonar repentinamente el agua fría que la rodeaba le hizo respingar, llenando rápidamente sus pulmones de oxígeno y provocandole bastante ardor en la garganta.

Se movía, pero sus piernas seguían inmóviles y la rubia no sentía su peso en lo absoluto. ¿Estaba flotando? No podía ser, ¿Acaso seguía soñando? ¿Dónde se había quedado J.D? La respuesta a sus interrogantes llegó pronto: Era el mismo J.D quien la llevaba en brazos, podía distinguir su aroma —almizclado con una nota de tabaco, bosque y libertad— donde fuera. Parpadeando repetidamente, tardó un poco en enfocar el rostro de su amigo, frunciendo inconscientemente el ceño al ver el estado en el que se encontraba.

-Mmmmh mmjmh-algo como un lamento escapó de los labios amoratados de la rubia, cuando intentó preguntarle '¿Dónde era el funeral?'. Sintió que la depositaba en la cama y casi de inmediato se encontraba sacando el móvil del bolsillo y marcando un número mientras explotaba de la...¿Rabia? ¿Desesperación? No podía precisarlo. Empezó a incorporarse en la cama, llevando una de sus manos hacia su cabeza pues le dolía terriblemente —como casi todo el cuerpo, en realidad— y la solución a su maldita incertidumbre llegó de dos formas a la vez: Con la comunicación que J.D estaba teniendo con la persona al teléfono y la visión de su brazo.

Demonios.

La realidad —o su lamentable realidad— llegó a ella como una bofetada, despertandola. Car siempre se había caracterizado por tener reflejos rápidos y una mente bastante astuta que sin duda la sacaron de más de un lío en innumerables situaciones, esta no fue la excepción: De un movimiento rápido le quitó el aparatito al moreno, sin importarle mancharlo con agua —y sangre— en el proceso. -No juegues con estas cosas, Arthur, llamar a una ambulancia no es broma. Descuide, controlaré a este sujeto-fingió la voz y el nombre de su amigo, cortando la llamada sin esperar respuesta. Desarmó el móvil de un movimiento y lanzó la batería hacia las profundidades del armario con lo poco de fuerza que le quedaba. Una serie de acciones autómatas que realizó sin dignarse a mirar a su mejor amigo. ¿Estaba loco? ¿Cómo se le ocurría llamar a una ambulancia? ¡Para ella! Con lo mucho que amaba los hospitales y tranquilizantes y enfermeras y toda esa basura. -Estoy bien, no necesito una condenada ambulancia-suspiró, dejandose caer nuevamente de espaldas y sufriendo interiormente por el ardor que experimentaba en distintas partes de su cuerpo. Los recuerdos volvían, golpeandola incesantes y consciente de que J.D no dejaría las cosas así, cubrió su vista con uno de sus brazos, protegiendose de lo que seguramente sería una mirada desafiante o furibunda, no estaba segura.

-De verdad estoy bien, solo necesito descansar un poco-
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Re: {There's nothing you can do that can't be done #. J.D}

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